Fuente: Surtidores Latam – Sol Bermo
La experiencia peruana expone una cuestión que trasciende sus fronteras. Con más importaciones, nuevos polos productores y una demanda vehicular creciente, la región necesita rutas, reservas e instalaciones capaces de sostener el suministro ante cualquier interrupción.
América Latina atraviesa una transformación silenciosa. El GLP mantiene una presencia significativa en distintos mercados y, mientras crece su utilización vehicular, también aumenta la necesidad de garantizar que el energético pueda llegar de forma continua a estaciones de servicio, flotas y usuarios.
La discusión ya no pasa únicamente por conseguir cargamentos y la situación registrada durante 2026 en Perú funciona como una advertencia para el resto de América Latina.
Para Fabrício Duarte, director ejecutivo de la AIGLP, “importar no es, por sí solo, sinónimo de inseguridad energética. En un mercado internacional líquido y con diferentes fuentes de suministro, las importaciones pueden contribuir incluso a la diversificación”, explicó.
Con esto, Duarte se refiere al episodio registrado en el sur peruano, que mostró hasta qué punto una interrupción terrestre puede repercutir sobre el suministro de un combustible utilizado por miles de vehículos. Lluvias, deslizamientos y cortes de carreteras complicaron el traslado desde la costa hacia Arequipa, Moquegua, Tacna, Cusco y Puno.
La dificultad no estaba necesariamente en la ausencia de GLP a escala nacional. El inconveniente era otro: disponer de pocas alternativas para llevarlo hasta determinados mercados.
“Una cadena puede funcionar de manera eficiente en condiciones normales y, al mismo tiempo, presentar una vulnerabilidad importante cuando ocurre una interrupción”, señaló Duarte a Surtidores.
El caso resulta especialmente relevante para el transporte. Cuando un mercado desarrolla una flota importante de automóviles, taxis, vehículos comerciales o unidades de pasajeros que utilizan GLP, la continuidad del suministro deja de ser exclusivamente una cuestión energética y pasa a tener consecuencias directas sobre la movilidad.
Por eso, aumentar la capacidad de almacenamiento cerca de los centros de consumo puede ser tan importante como incorporar nuevos proveedores.
En el mercado peruano, cerca del 90% de la capacidad de almacenamiento se concentra en Lima y Callao. Esa distribución obliga a trasladar grandes volúmenes hacia otras regiones y deja al sistema expuesto cuando las principales vías terrestres presentan dificultades.
En este sentido, mientras algunos mercados buscan diversificar sus fuentes, América Latina también está viendo aparecer nuevos volúmenes potenciales.
Argentina se encuentra en una etapa de expansión de la producción de hidrocarburos asociada al desarrollo de Vaca Muerta. El crecimiento de los líquidos derivados del gas natural puede incrementar la disponibilidad regional de propano y butano y, con ello, abrir nuevas posibilidades para el comercio de GLP.
Duarte consideró que esta evolución puede ser relevante para los países vecinos. La oportunidad no se limita a un intercambio bilateral. Existe una cadena regional que puede adquirir mayor importancia con el tiempo.
Argentina ya registra operaciones de transporte terrestre de GLP hacia Chile. Una de las rutas conecta Salta con Antofagasta mediante el Paso de Jama. En el norte chileno existe además infraestructura para recepción y almacenamiento, mientras que la conexión vial continúa hacia Arica y la frontera con Tacna.
Para el ejecutivo, esa experiencia puede servir como punto de partida para analizar una nueva vía de suministro hacia el Pacífico sur.
Para el negocio de distribución y expendio vehicular, la diversificación tiene una consecuencia concreta: reduce la exposición ante interrupciones puntuales.
Un mercado con terminales en diferentes zonas, depósitos regionales, proveedores alternativos y más de una ruta terrestre o marítima cuenta con mayor capacidad para absorber contingencias.
“En el corto plazo, los camiones presentan la ventaja de requerir inversiones relativamente limitadas y permitir evaluar proveedores, rutas y costos antes de avanzar hacia proyectos de mayor escala”, sostuvo Duarte.
A medida que aumenten los intercambios regionales, también podría surgir espacio para nuevas terminales, depósitos y sistemas de transporte especializados.
La región cuenta con una ventaja particular. El GLP puede movilizarse por buques, camiones, trenes y ductos, lo que permite combinar distintas soluciones según las características de cada mercado.
“El objetivo no debería ser sustituir una dependencia por otra. Debería ser construir alternativas”, concluyó.
Fuente: Surtidores Latam – Sol Bermo
