Fuente: La Vanguardia

El coche de Gas Licuado de Petróleo (GLP) o Autogás atraviesa el mejor momento de su historia en España. Según las cifras de matriculaciones de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC) y el Instituto de Estudios de Automoción (IEA), en 2025, esta fue la segunda tecnología de propulsión que más creció en España, superando ligeramente al coche eléctrico puro (+75,72 %) y solo por detrás de los híbridos enchufables.

Las razones detrás de esta tendencia responden principalmente a una cuestión práctica y económica: los vehículos de GLP tienen un bajo coste de uso, autonomías elevadas y disponen de una red de repostaje cada vez más amplia. También influye que estos automóviles disfrutan de todas las ventajas que les confiere la etiqueta ECO de la DGT.

El GLP crece más que el coche eléctrico en España

La Radiografía del mercado del GLP en España del operador GASIB refleja hasta qué punto esta tecnología ha dejado de ser una opción minoritaria y crece a mejor ritmo que la electrificación. En el último lustro, las ventas de estos automóviles se han multiplicado por cinco, pero solo el pasado año aumentaron un 76,4 %, hasta alcanzar las 59.783 unidades. En la actualidad, circulan por nuestras carreteras unos 250.000 vehículos de GLP.

“La facilidad de uso y el ahorro directo para el usuario explican gran parte de este crecimiento”, señalaba Filipe Henriques, CEO de GASIB, en el citado informe sectorial. De media, esta tecnología permite reducir el gasto en repostaje entre un 40 % y un 50 % respecto a un gasolina convencional, dependiendo del precio de los carburantes y del tipo de conducción en cada caso.

Hasta 1.600 kilómetros de autonomía y etiqueta ECO

La base técnica de esta tecnología es el sistema bifuel. Los vehículos de GLP incorporan dos depósitos independientes: uno convencional de gasolina y otro específico para el gas. El coche arranca siempre con gasolina y cambia automáticamente al gas cuando el motor alcanza la temperatura óptima, algo que no se percibe al volante.

Asimismo, esa configuración permite autonomías especialmente elevadas. Algunos modelos superan fácilmente los 1.000 kilómetros y determinadas versiones alcanzan hasta 1.500 o 1.600 kilómetros combinando ambos depósitos, cifras que todavía quedan lejos del alcance de muchos eléctricos asequibles.

El coche arranca siempre con gasolina y cambia automáticamente al gas cuando el motor alcanza la temperatura óptima, algo que no se percibe al volante

En este sentido, Germán Reynolds, gestor senior de Industria y Agro en Repsol, considera que “el GLP se posiciona como la solución más equilibrada para usuarios que realizan un uso intensivo del vehículo”, especialmente para quienes buscan reducir costes sin renunciar a la movilidad diaria.

Por eso, además de ser una alternativa a los coches electrificados, el GLP se ha consolidado poco a poco como una de las opciones más atractivas respecto al diésel o la gasolina, sobre todo para quienes hacen muchos kilómetros al año y buscan recortar el gasto en combustible sin asumir todavía el coste o las limitaciones de otras tecnologías.

Además, a diferencia de los eléctricos o los híbridos enchufables, los vehículos de GLP no requieren instalar un punto de carga ni cambian los hábitos del conductor: repostar funciona prácticamente igual que en un coche convencional y apenas requiere unos minutos. Y la infraestructura que lo hace posible también ha crecido de forma notable. España ya cuenta con cerca de 900 estaciones de suministro de GLP, aunque la concentración sigue siendo mayor en grandes ciudades y corredores principales.

Los coches de GLP no requieren instalar un punto de carga ni cambian los hábitos del conductor; se repostan casi igual que uno de gasolina o diésel

A las ventajas prácticas y económicas se suma además un elemento decisivo en las grandes ciudades: la etiqueta ECO de la Dirección General de Tráfico (DGT). Los coches de GLP pueden acceder a Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), circular durante episodios de restricciones anticontaminación y beneficiarse de bonificaciones en aparcamiento regulado o impuestos municipales en numerosos municipios.

Dacia domina un mercado que ya no es minoritario

Si hay una marca que explica buena parte del auge del GLP en España, esa es Dacia, pues la firma del Grupo Renault domina el mercado de Autogás con una cuota cercana al 80 % del total.

Los datos de Ideauto sitúan al Dacia Sandero ECO-G como el gran referente de esta tecnología: el modelo, cuyo precio arranca en torno a los 15.000 euros, no solo lidera las ventas GLP, sino que es uno de los coches más vendidos en España, con más de 11.000 unidades matriculadas entre enero y abril de este año. El fenómeno alrededor del Sandero resulta especialmente llamativo porque, según GASIB, el 87 % de los compradores del modelo optan por la versión GLP frente a la de gasolina.

Junto al utilitario, los modelos de autogás más vendidos del mercado español son el Dacia Jogger y el Dacia Duster, aunque Renault también ha reforzado notablemente su presencia en este segmento con versiones bifuel del Clio, el Captur y el Symbioz. La diferencia de precio de estas versiones frente a un gasolina equivalente es relativamente pequeña, lo que facilita amortizar rápidamente el sobrecoste gracias al menor gasto en combustible.

Ventajas y algunos inconvenientes

Más allá del ahorro económico, el GLP también presenta ventajas medioambientales frente a motores tradicionales de gasolina y diésel. Según datos de la Asociación Europea de Gas Licuado y distintas fuentes del sector energético, esta tecnología puede reducir hasta un 68 % las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y alrededor de un 14 % las emisiones de dióxido de carbono (CO2) frente a un gasolina convencional. Algunas comparativas frente a determinados motores diésel elevan incluso la reducción de NOx hasta el 96 %.

A eso se suma un funcionamiento más suave y silencioso, además de un mantenimiento muy parecido al de un coche convencional. Los expertos del RACE recuerdan que únicamente es necesario revisar periódicamente los filtros específicos del sistema de gas para garantizar un funcionamiento óptimo.

Eso sí, el GLP también tiene algunos inconvenientes. El consumo suele aumentar ligeramente respecto a las versiones equivalentes de gasolina y puede existir una ligera pérdida de potencia, normalmente inferior al 5 %, especialmente en aceleraciones fuertes o con el coche muy cargado.

El tanque específico de GLP suele ser más pequeño que el de un diésel equivalente, por lo que el conductor debe repostar gas con algo más de frecuencia

Otro aspecto importante es el depósito de gas. En muchos modelos actuales se instala bajo el piso del maletero o en el espacio destinado originalmente a la rueda de repuesto, lo que puede reducir ligeramente la capacidad de carga o impedir montar una rueda convencional. Además, aunque la autonomía total es muy elevada gracias al doble depósito, el tanque específico de GLP suele ser más pequeño que el de un diésel equivalente, por lo que el conductor debe repostar gas con algo más de frecuencia.

Convertir un coche gasolina a GLP también gana fuerza

El auge del Autogás no se limita a coches nuevos. Cada vez más conductores están transformando vehículos gasolina para obtener la etiqueta ECO y reducir el gasto mensual en combustible. Según el RACE, la mayoría de coches gasolina matriculados a partir de 2001 pueden convertirse a GLP siempre que cumplan normativa Euro 3 o superior y exista un kit homologado específico para ese motor.

La conversión suele costar entre 1.500 y 3.000 euros, incluyendo instalación, homologación e ITV, y los expertos calculan que esta inversión empieza a compensar especialmente a los conductores que hacen más de 15.000 kilómetros anuales.

El crecimiento del GLP refleja que la transición energética del automóvil avanza por diferentes caminos. Y mientras buena parte del mercado sigue esperando que el coche eléctrico reduzca sus barreras de precio e infraestructura, el Autogás ya se ha convertido para miles de conductores españoles en una de las formas más sencillas de reducir gastos sin renunciar a la movilidad urbana ni cambiar sus hábitos.

Fuente: La Vanguardia