Fuente: Poder 360
Cuando se habla de infraestructura, es común asociar el concepto con carreteras, puertos y líneas de transmisión eléctrica. Sin embargo, pocas veces se relaciona el gas con el funcionamiento de las distintas cadenas productivas del país. En el caso del GLP (Gas Licuado de Petróleo), la percepción de la mayoría de los brasileños sigue centrada en su uso doméstico, especialmente en el cilindro de cocina.
El Gas Licuado de Petróleo está presente en el 91 % de los hogares brasileños y llega puerta a puerta a través de una red de distribución que alcanza prácticamente todos los municipios del país, según Sindigás (Sindicato Nacional de las Empresas Distribuidoras de Gas Licuado de Petróleo), con base en datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) y de la EPE (Empresa de Investigación Energética). Es decir, para millones de brasileños, el GLP está presente principalmente en la preparación de los alimentos, desde el desayuno hasta la cena.
Pero esa es solo la etapa final de un recorrido mucho más amplio. Antes de llegar a la cocina, el mismo GLP ya participó en la producción de alimentos, alimentó procesos industriales, sostuvo miles de pequeños negocios y recorrió miles de kilómetros para abastecer una extensa cadena productiva.
En el sector agropecuario, por ejemplo, el GLP se utiliza para el secado de granos, la calefacción de granjas avícolas, el control de la temperatura en invernaderos y diversas etapas de la producción de café. Aunque estas aplicaciones son poco conocidas por la población urbana, contribuyen significativamente a la productividad del campo, a la calidad de los productos y a la estabilidad del abastecimiento.
En la industria, el GLP forma parte de procesos que requieren calor constante y un estricto control de temperatura. Contribuye a la fabricación de medicamentos, alimentos y bebidas, así como a sectores como la industria naval, donde la estabilidad térmica es un elemento esencial del proceso productivo.
Fuera de las fábricas, este energético también desempeña un papel silencioso, pero fundamental. Restaurantes, panaderías, hoteles y miles de pequeños establecimientos dependen diariamente del GLP para operar. Es la energía que mantiene encendidos los hornos, en funcionamiento las cocinas profesionales y abiertos los negocios en las ciudades.
Capacidad logística
Esta diversidad de aplicaciones depende de otra característica del sector que suele pasar desapercibida: su capacidad y resiliencia logística. Transportado tanto a granel como en cilindros, el GLP abastece hogares, comercios, industrias y explotaciones agropecuarias en todas las regiones del país.
La misma infraestructura de distribución que lleva el cilindro hasta el consumidor residencial también atiende a múltiples cadenas productivas y garantiza el suministro energético en lugares donde otras alternativas no siempre están disponibles.
Esta capacidad de abastecer de manera continua e integrada a diversos sectores de la economía no siempre es percibida. Como ocurre con otras infraestructuras esenciales, la importancia del GLP suele hacerse evidente únicamente cuando el suministro se interrumpe.
Sin embargo, la contribución del Gas Licuado de Petróleo comienza mucho antes de llegar a la cocina. Limitar el GLP al cilindro doméstico significa considerar únicamente la etapa final de una cadena logística y energética que conecta la producción, la distribución y el consumo.
Brasil conoce este gas por la cocina.
La economía brasileña, sin embargo, se encuentra con él mucho antes de que la llama llegue a la estufa.
Fuente: Poder 360
