El reto es garantizar la seguridad jurídica para que estas inversiones continúen y el GLP siga marcando el rumbo.
Colombia se encuentra frente a un cambio importante en la composición de sus fuentes de energía.
Mientras el debate público se centra en la declinación de las reservas de gas natural y las metas de descarbonización a largo plazo, las cifras del mercado muestran que el Gas Licuado del Petróleo (GLP) se ha convertido en pieza clave de la canasta energética colombiana, constituyéndose así en parte de la solución a dicha encrucijada por tratarse de un combustible limpio de transición.
Hoy, el GLP llega al 98% de los municipios del país, atendiendo a 12 millones de colombianos (3,7 millones de hogares). Es un servicio público esencial que lidera el consumo en regiones críticas para la economía: Antioquia (18,8% de la demanda), Cundinamarca (11,8%) y el Valle del Cauca (8,2%), sin olvidar su papel prioritario en zonas de frontera como Nariño (7,1%) y Norte de Santander (3,7%).
El reciente ‘Análisis del mercado del GLP 2025’ presentado por Gasnova, arroja cifras que hablan por sí solas. En el último año, la demanda total de GLP en el país creció 7,6%, comparada con 2024, impulsada por un fenómeno revelador: los sectores industrial y comercial registraron un incremento del 16,2%.
Ante los retos en el suministro del gas natural, la industria nacional ha encontrado en el GLP un combustible limpio, competitivo y con confiabilidad en el suministro.
Ante la menor disponibilidad de gas natural, la industria colombiana ha sustituido cerca de 38 GBTUD, y el GLP se ha consolidado como el principal sustituto, suministrando el 50% de dicha migración energética, por factores de precio y confiabilidad.
Este crecimiento en el consumo del GLP era previsible. Por ello, desde 2017, las empresas distribuidoras han invertido en infraestructura portuaria de importación, inicialmente para compensar la caída proyectada en la oferta nacional de GLP, por la declinación en la producción de Cusiana y Cupiagua, y más recientemente para contribuir al abastecimiento del sector industrial, afectado por la oferta deficitaria de gas natural.
Ecopetrol, que históricamente abastecía 82% del mercado de GLP, redujo su participación a 53% en 2025. Así las cosas, las importaciones de GLP pasaron de abastecer 3% de la demanda en 2021, a 39% en 2025.
Para garantizar el abastecimiento oportuno de la creciente demanda proyectada, el sector está ejecutando ampliaciones en el puerto de Okianus en Cartagena y un nuevo proyecto en Puerto Bahía. En 2025, el GLP fue reconocido internacionalmente por el G20 como un combustible de ‘cocción limpia’ y de transición energética.
Por otra parte, previendo una pronta terminación de la guerra de Irán, el mercado internacional aún continúa proyectando precios estables en el inmediato futuro, lo cual refuerza su competitividad frente a otros energéticos.
La transición energética no puede ser un salto al vacío; debe ser un camino real, seguro y eficiente. El reto para el Gobierno es garantizar la seguridad jurídica necesaria para que estas inversiones continúen y el GLP siga marcando el rumbo del desarrollo sostenible nacional, asegurando de paso la reducción de la pobreza energética en los rincones más apartados.
ALEJANDRO RAMÍREZ VILLEGAS
Presidente de Gasnova.
Fuente: Portafolio
