El Congreso AIGLP 2026, realizado en Buenos Aires, reunió a líderes, especialistas y empresas de toda América Latina en un momento especialmente relevante para el sector del GLP. Más que un encuentro técnico, el evento reflejó un escenario global en transformación, donde la energía, la geopolítica y la seguridad del abastecimiento han pasado al centro de las decisiones estratégicas.

Desde las primeras sesiones, quedó claro que el contexto internacional impone nuevos desafíos. Tensiones en Medio Oriente, por ejemplo, ya impactan rutas logísticas críticas como el Estrecho de Ormuz, reduciendo los flujos de embarcaciones y afectando el comercio global de energía. Al mismo tiempo, se observa un desbalance entre oferta y demanda de GLP a nivel mundial. Si bien la producción global continúa creciendo, impulsada principalmente por América del Norte, la absorción de estos volúmenes no ocurre de manera uniforme, haciendo que el mercado dependa cada vez más de una logística eficiente y de nuevos mercados consumidores.

En este escenario, un mensaje fue recurrente a lo largo del congreso: garantizar la seguridad energética hoy implica diversificar. Diversificar proveedores, rutas, orígenes e incluso fuentes energéticas. La dependencia concentrada en pocos actores o regiones ya no es una estrategia viable en un mundo sujeto a disrupciones constantes.

América Latina, por su parte, atraviesa una dinámica particular. La reducción de la producción en países como Bolivia, México y Venezuela limita la oferta regional, mientras la demanda se mantiene relevante. En el caso venezolano, a pesar de su reconocido potencial energético, los desafíos estructurales, políticos y de inversión impiden una recuperación más rápida. La producción de GLP ha caído significativamente en las últimas décadas y, aun con perspectivas de mejora, el país no se posiciona como solución para el equilibrio regional en el corto plazo.

Es en este contexto donde surge una de las principales oportunidades destacadas en el congreso: Vaca Muerta. Argentina entra en una nueva fase de desarrollo energético, con un fuerte crecimiento en la producción de petróleo y gas y ganancias de escala que comienzan a redefinir su rol en el escenario regional. El aumento en la producción de petróleo genera mayores volúmenes de gas asociado y, en consecuencia, una expansión significativa en la oferta de GLP. Las proyecciones apuntan a un escenario de excedente estructural, con cerca de 9 millones de toneladas disponibles y aproximadamente 7 millones destinadas a la exportación.

En la práctica, esto significa que Argentina puede dejar de ser únicamente un mercado doméstico para convertirse en un nuevo eje de abastecimiento regional e incluso global. América Latina, históricamente deficitaria, pasa a contar con un potencial polo exportador dentro de la región, capaz de reconfigurar flujos comerciales y reducir dependencias externas.

Sin embargo, el camino no es automático. Uno de los puntos más enfatizados fue que el principal desafío no está en la producción, sino en la infraestructura. Transporte, procesamiento y logística siguen siendo cuellos de botella relevantes. Como se destacó, la oportunidad existe —y es clara—, pero su materialización dependerá de inversiones significativas y de la coordinación entre los distintos actores de la cadena.

Otro eje importante del congreso fue la ampliación del rol del GLP como motor de desarrollo. Más allá del uso residencial, el GLP gana protagonismo en sectores como la agricultura, la movilidad, la generación de energía y la industria. Se trata de una fuente energética versátil, capaz de ofrecer energía confiable, accesible y con menor impacto ambiental, especialmente en regiones donde otras infraestructuras aún son limitadas.

Las discusiones también avanzaron sobre aspectos estructurales del sector, destacando un punto particularmente relevante: la importancia de la marca en el mercado del GLP. Más que un elemento comercial, la marca fue presentada como un verdadero pilar institucional del sector, especialmente en sistemas de envases retornables. Es la marca que permite identificar al responsable del activo, garantizar los estándares de mantenimiento, viabilizar la fiscalización y proteger al consumidor. Pero hay un aspecto aún más crítico: la marca es uno de los principales instrumentos que sostienen la inversión privada en el sector. En un mercado intensivo en capital, donde las empresas invierten continuamente en cilindros, plantas, logística y seguridad, la claridad sobre la propiedad y la responsabilidad de los activos es fundamental. Sin este vínculo, se debilitan los incentivos a la inversión, aumenta la informalidad y se compromete la calidad del servicio. En otras palabras, la marca no solo organiza el mercado, sino que crea las condiciones para que exista de forma sostenible y segura.

A lo largo del congreso quedó claro que el sector atraviesa un momento de transición. Por un lado, un entorno global más incierto y desafiante; por otro, oportunidades concretas de crecimiento y transformación, especialmente en América Latina. El GLP se reafirma como un energético estratégico, capaz de articular seguridad, desarrollo y sostenibilidad.

Más allá de los contenidos, el Congreso AIGLP 2026 cumplió un rol fundamental como espacio de encuentro. Fue un espacio de aprendizaje, de intercambio de experiencias y de difusión de buenas prácticas. Un lugar donde se construyen relaciones, se fortalecen alianzas y se alinean visiones de futuro.

Porque, al final, la industria también se construye sobre vínculos. Y son esos vínculos —profesionales y personales— los que impulsan el desarrollo del sector y contribuyen a construir el futuro energético de la región.

Fabrício Duarte

Director Ejecutivo