Fuente: La Hora
El cilindro de gas de $1,65 es parte de la vida cotidiana de millones de hogares ecuatorianos. Está en la cocina de una familia, pero también en restaurantes, pequeños comercios y actividades productivas que dependen de este combustible para funcionar.
Detrás de ese cilindro, sin embargo, hay una cadena energética que muestra una de las principales debilidades del país: Ecuador produce petróleo, pero no tiene suficiente capacidad para transformarlo en los derivados que necesita.
Las cifras de EP Petroecuador permiten ver la magnitud del problema. Entre enero y junio de 2026, Ecuador demandó 53,676 millones de barriles de derivados, mientras la producción nacional llegó a 32,580 millones. Es decir, la producción local cubrió alrededor del 61% de las necesidades internas y dejó una brecha de unos 21 millones de barriles.
Para cerrar esa diferencia, como establece un último análisis de la Cámara de Energía de Ecuador (CEDE), el país importó 36,657 millones de barriles de derivados durante el primer semestre. De ese volumen, 7,354 millones correspondieron a Gas Licuado de Petróleo (GLP), uno de los combustibles que más pesa dentro de las compras externas.
El gas que más usan los hogares ecuatorianos sigue ganando terreno
De acuerdo con el CEDE, el GLP tiene una característica que lo diferencia de otros combustibles: su consumo está estrechamente ligado a una necesidad básica.
El 67,1% del GLP utilizado en Ecuador va a los hogares. Por eso, aunque la economía se desacelere, la demanda de este combustible tiende a mantenerse. En la práctica, dos de cada tres unidades consumidas terminan en las cocinas de las familias ecuatorianas.
Además, su consumo viene creciendo. Entre 2014 y 2024 pasó de 8.047 a 10.632 kBEP, equivalente a unos 1.393 millones de kilogramos, un aumento cercano al 32% en diez años.
Eso significa que Ecuador enfrenta un doble desafío: cada vez necesita más GLP y, al mismo tiempo, una parte importante de ese combustible debe conseguirla en el exterior.
Ecuador tiene petróleo, pero no suficiente capacidad para refinarlo
La paradoja es que el problema no está necesariamente en la falta de petróleo crudo. Ecuador continúa produciendo y exportando crudo Oriente y Napo. La dificultad aparece en el siguiente eslabón: refinar ese petróleo y convertirlo en los combustibles que demanda el mercado interno.
Las refinerías son, por eso, una pieza clave. Durante el primer semestre de 2026 hubo mantenimientos y problemas operativos que afectaron la producción de derivados. En la Refinería Esmeraldas, por ejemplo, la unidad Visbreaking 1 permaneció fuera de operación desde el 1 de marzo hasta el 30 de junio después de un incendio provocado por una fuga de producto en los sellos de una bomba.
Cada parada reduce la capacidad de producción nacional y puede traducirse en una mayor necesidad de comprar combustibles en el exterior.
El gas que llega a Ecuador depende de una cadena que empieza mucho antes del cilindro
Cuando Ecuador importa GLP, el proceso no termina con la compra del producto. Hay que financiarlo, transportarlo por vía marítima, recibirlo en los puertos, almacenarlo y llevarlo hasta los terminales y distribuidores.
Esto expone al país a variables que no controla: precios internacionales, disponibilidad de oferta, costos de transporte, condiciones portuarias y conflictos geopolíticos. Mientras mayor sea la dependencia externa, mayor será también la vulnerabilidad del sistema energético.
En otras palabras, un cilindro de gas que llega a una casa ecuatoriana depende de una cadena que empieza mucho antes de que el consumidor llegue al depósito.
El subsidio al gas le cuesta al Estado unos $719 millones al año
A la dependencia de las importaciones se suma el costo fiscal. El precio del cilindro doméstico de 15 kilogramos permanece en $1,65 en los depósitos autorizados. Pero ese valor está muy por debajo del costo económico estimado del producto. Para 2026, Petroecuador calcula un subsidio promedio de $0,728 por kilogramo, equivalente a aproximadamente $10,92 por cilindro.
La Proforma Presupuestaria 2026 contempla $1.159,6 millones en subsidios a los combustibles. De ese monto, alrededor del 62% corresponde al GLP, unos $719 millones. Así, el gas doméstico se convirtió en el principal componente de los subsidios a los combustibles.
El esquema tiene una razón social evidente: mantener accesible un combustible esencial para los hogares. Pero también implica una presión permanente sobre las cuentas públicas, especialmente cuando aumenta el consumo o suben los precios internacionales.
La diferencia se vuelve más visible al mirar a los países vecinos. Mientras en Ecuador un cilindro doméstico de 15 kilogramos mantiene un precio regulado de $1,65, el documento señala que en Colombia un cilindro similar puede costar entre $15 y $22, mientras que en Perú puede llegar a entre $15 y $29, dependiendo de la ciudad y del distribuidor.
El precio bajo protege el bolsillo de los consumidores, pero también puede generar incentivos para un consumo elevado, el desvío del producto hacia actividades no autorizadas y el contrabando en zonas fronterizas.
Ecuador aún produce menos GLP del que necesita y debe cubrir la brecha con importaciones y subsidios
El problema del GLP, por tanto, no se reduce a cuánto cuesta el cilindro. La discusión de fondo es cuánto le cuesta al país producir, importar y subsidiar el combustible que necesitan los hogares.
Las cifras del primer semestre de 2026 muestran que la producción nacional de derivados está creciendo más rápido que la demanda: 6,3% frente a 3,9%. Es una señal positiva, pero todavía insuficiente para cerrar la brecha.
Mientras esa diferencia persista, Ecuador seguirá dependiendo de las compras externas para garantizar el abastecimiento de un combustible esencial y, al mismo tiempo, deberá sostener un subsidio que representa cientos de millones de dólares para el Estado.
El desafío, entonces, según el CEDE, no es solamente conseguir gas para que el cilindro llegue a cada hogar. Es lograr que el país tenga la capacidad de producir más de los derivados que consume, reducir su exposición al mercado internacional y hacerlo sin poner en riesgo el acceso de las familias a un combustible básico.
Fuente: La Hora
